Majo Health Coach - No podemos negar nuestra biología BLOG

NO PODEMOS IGNORAR NUESTRA BIOLOGÍA

Ser mujer es una real bendición ya que somos el único ser humano capaz de generar vida y a su vez somos una energía sutil conectada con la madre tierra. 

Somos muchas cosas a la vez, madres, esposas, novias, amigas, hijas, hermanas, profesionales, emprendedoras, presidentas y la lista podría extenderse infinitamente. Sin embargo, nos hemos olvidado de lo básico, SER MUJER.

Nuestra biología compuesta por las hormonas, el metabolismo, el cuerpo, la mente y el espíritu, han sufrido las consecuencias de haber puesto el foco siempre fuera y no dentro, sin siquiera parar un minuto para reflexionar si lo que estamos haciendo es coherente, si nos aleja o nos acerca a la salud integral.  Por tal motivo, decidí escribir este blog para educar de una forma sencilla, clara y oportuna a todas las mujeres, que sin importar su edad (me incluyo) han ignorado por años cómo funcionan nuestras hormonas.

Sin ánimo de criticar a nuestro sistema educativo, nuestra cultura, crianza y núcleo familiar, definitivamente hemos estado condicionadas por ello; ya que en pleno siglo XXI, seguimos pensando que tener la menstruación (la regla, tener el mes o enfermarse) es un castigo divino, una desventaja genética frente al hombre y una prueba de que somos el sexo débil. Por el contrario, asumir la responsabilidad de informarnos y/o educarnos para entender el vaivén de nuestras hormonas, las fases del ciclo y cómo actuar conforme a ello, nos empodera.

Las mujeres No somos como los hombres (el ciclo de la progesterona sólo dura 24 horas), somos literalmente una persona distinta cada semana del mes y con base a esa complejidad de sensaciones, deberíamos programar nuestra nutrición, el entrenamiento, el trabajo, la sexualidad y las interacciones sociales. 

Existen 5 hormonas que gobiernan nuestro ciclo menstrual, estas son: los estrógenos, la progesterona, la FSH (hormona folículo estimulante), la LH (hormona luteinizante) y la testosterona. 

Los pulsos y las concentraciones en sangre de dichas hormonas marcan las 4 fases del ciclo, es decir, la fase folicular, ovulatoria, lútea y la menstrual.

En la fase folicular, el hipotálamo le ordena a la hipófisis que libere grandes cantidades de FSH para decirle a los ovarios que comiencen a prepararse para hacer crecer los folículos, a su vez los ovarios liberan estrógenos para comenzar a madurar esos folículos para ver cuál será el ganador y también engrosar el endometrio para una futura fecundación. 

 

En esta etapa, estamos enérgicas, con buen foco mental, muy motivadas, con control del apetito, podemos entrenar más duro en el gimnasio, podemos hacer ayunos más largos e incluso estrategias cetogénicas sin mucha complicación (porque tenemos apoyo adicional de la testosterona). Es el mejor momento para plantearnos retos profesionales. Formalmente esta fase se cuenta desde el día #1 del sangrado menstrual (se solapa con la fase menstrual) hasta el día 10 del ciclo.

La fase ovulatoria (de acuerdo con el contexto hormonal de cada mujer, el estrés y la duración de ciclo), puede suceder dentro los 4 días después de la fase folicular o puede extenderse hasta 8 días si hay oligoovulación (ovulación retardada). Debemos recordar que ovulamos un solo día, pero para saber exactamente cuándo debemos estar en sincronía total con las sensaciones de nuestro cuerpo. En esta etapa, el moco cervical cambia se hace más elástico y parece clara de huevo. Para que la ovulación pueda ocurrir, hay un pico de LH que estimula a un folículo (el ganador) a que se inflame y explote “literal”, liberando el óvulo hacia una trompa de Falopio donde estará por 24 horas esperando al espermatozoide ganador para ser fecundado. En efecto, hay mujeres que sienten un dolor de un lado del vientre cuando se libera el óvulo, sangran un poco y sienten dolor de cabeza. 

Mientras esto ocurre, los estrógenos siguen subiendo para engrosar el revestimiento del útero que será la camita para el embrión y apoyando el crecimiento de células inmunológicas en el útero. La testosterona por su parte genera otro pulso que irá cayendo tras la ovulación.

Los días que ocupa la fase ovulatoria, tenemos la libido más alta, parece que nuestra biología apuesta porque seamos más atractivas, con mayores habilidades comunicativas, simpáticas (tenemos un estado de ánimo más estable), que no sintamos más sexis y receptivas para poder conseguir pareja y reproducirnos. ¡En el cuerpo todo está pensado! Por ello, estos son los días de mayor fertilidad que tenemos.

Metabólicamente hablando, es una fase densa y complicada para nuestro cuerpo, por ende, el gasto energético aumenta y necesitamos aumentar la densidad nutricional a través del consumo de proteínas de alto valor biológico, grasas saludables y carbos complejos usados de forma inteligente entorno al entrenamiento. Para ovular necesitamos tener el estrés bajo control y el cuerpo debe sentir que hay abundancia. Como la energía está en su máxima expresión, las pesas, los entrenamientos interválicos y los ayunos se pueden hacer sin problema; sin embargo, estos últimos no deben ser muy prolongados para garantizar que hayan de 2 a 3 ingestas densamente nutritivas. Por otro lado, es fundamental que el hígado, colon y el microbiota (el estroboloma) estén en sintonía para metabolizar y eliminar el exceso de estrógeno eficientemente, con el consumo de vegetales crucíferos, hojas/hierbas verdes amargas, alimentos fermentados, aminoácidos con la metionina y la cisteína presente en la proteína animal.

Por su parte, la fase lútea puede durar de 10-14 días de acuerdo con la duración del ciclo de cada mujer, ya que hay chicas que tienen ciclos de 23, 26, 28, 30 hasta 32 días siendo esto completamente normal. El cuerpo lúteo, que se forma de la reabsorción del folículo que explotó y de los demás, comienza a crecer en la superficie del ovario liberando progesterona, que llega a su pico en el día 21 del ciclo, manteniendo intacto el revestimiento del útero, en la expectativa de ver si hubo o no fecundación. Si no hubo fecundación la progesterona comenzará a descender al final del ciclo y se producirá la descamación del endometrio para producir el sangrado menstrual, mientras los estrógenos y la testosterona se elevarán nuevamente hacia el final del ciclo.

A nivel nutricional, es determinante llevar una alimentación antiinflamatoria, densa en nutrientes con 2-3 ingestas, manteniendo ayunos que no superen las 16 horas. En esta etapa, suele dar más apetito, sueño, cambios de humor, retención de líquido y antojos por cosas dulces. Recuerda el cuerpo está pidiendo serotonina, esto se puede resolver comiendo más proteína animal, vegetales a saciedad, carbos de baja carga glicémica, cacao al 100%, mantequilla de frutos secos, frutos rojos, buscando más abrazos, momentos al sol, haciendo más tierra, escuchando música, aumentando la hidratación y manteniendo la práctica del ejercicio físico, siempre escuchando a nuestro cuerpo (bajando la intensidad de las pesas, procurando caminar más combinado con sesiones de yoga y pilates).

Los primeros días de la fase lútea la energía de las fases anteriores se mantiene, pero comienza a bajar sobre todo en los últimos 5 días, dónde nos comenzamos a sentir más cansadas, más sensibles, colocando más atención a nuestros pensamientos y emociones, ya que estamos en recogimiento, introspección, analizando lo que pasa dentro de nosotras; por ende, es momento para estar más en casa, escribir, organizar nuestro hogar o nido y buscar momentos para el autocuidado.

 

 

Finalmente, llega la regla o la menstruación, dónde todas las hormonas caen en picada, con lo cual algunas chicas (me incluyo) experimentaran la sensación de estar indispuestas, con la presencia de cólicos menstruales llevaderos (sin tener que tomar pastillas), pesadez en las piernas, fatiga, retención de líquidos (temporal aumento de peso), inflamación del vientre, sensibilidad en los senos y algo de nubla mental. Por otro lado, hay chicas que se salen de la norma o lo saludable y se enferman, con calambres menstruales, cólico inhabilitante (que no pasa con pastilla y requiere la colocación de suero en vena), migrañas fuertes, náuseas, vómitos, inflamación desmedida, diarrea y/o estreñimiento, sangrando abundante, coágulos con accidentes, depresión y otros achaques que NO son normales.

En cuanto al apetito este suele variar de una mujer a otra; sin embargo, pienso que debemos escuchar al cuerpo, comiendo si tenemos hambre real o si no ayunar cuidando siempre la hidratación a partir de los minerales. Al momento de nutrirnos debemos pensar en densidad nutricional (proteína animal, caldo de hueso, colágeno, órganos, etc.), debido a todas las pérdidas que estamos teniendo de hierro, zinc, magnesio, sodio y otros micronutrientes importantes. La actividad física debe ser coherente a las sensaciones individuales; ya que hay quiénes del día 1 al 3 del sangrado sólo
caminan, hacen yoga o descansan y del 4to en adelante están nuevamente a tope de energía, mientras hay otras quiénes pausan su vida literalmente por 3-5 días para poder recuperarse. Todo es válido y se respeta.

 

 

Lo positivo de esta fase menstrual, más allá de
autorregularnos, sacar el exceso de hierro y toxinas del cuerpo, según la Dra. Aviva Romm en su libro Hormone Intelligence, es que debemos aprovechar este momento para fortalecer la conexión entre nuestro hemisferio izquierdo y
derecho del cerebro (que en las otras fases viven enfrentados) para evaluar, corregir y reencausar nuestras acciones en la búsqueda de nuestros objetivos individuales. Esto también nos permite identificar, qué áreas de nuestra vida están requiriendo mayor atención e incluso poder percibir los mensajes sutiles de nuestro intestino ¡sabía que había algo especial!

Es importante destacar, que el comportamiento del sangrado menstrual (color, cantidad y duración) es un fuerte indicador de cómo es la ratio de progesterona y estrógenos en nuestro cuerpo e incluso si existe algún otro desbalance hormonal gestándose. Ejemplo:  las manchas marrones que comienzan algunos días previos a que baje la sangre roja formalmente, habla de una falta de progesterona que hace que la sangre se estanque un poco, porque la fase lútea haya sido más larga, porque hubo oligoovulación y que no haya una duración específica del ciclo.  La sangre roja oscura o los coágulos negros, habla también de baja progesterona en correspondencia con los estrógenos y de congestión en el útero. Por su parte, los sangrados fuertes (con accidentes), habla de la presencia de miomas, fibromas o de pólipos uterinos que requieren atención médica, ya que habría que mejorar el metabolismo de los estrógenos y cuidar los niveles de hierro y de la vitamina B12.  Al contrario, los sangrados cortos (duran 1-2 días), puede indicar que hay tanto bajo estrógenos como progesterona, podría ser por un déficit de nutrientes y/o exceso de estrés con sobrecarga adrenal. Esto merece un trabajo terapéutico integrativo. Por último, sangrar 2 veces al mes o incluso todo el mes sin pausa (así sean gotas), habla de desajustes tiroideos asociados al hipotiroidismo, que debe resolverse desde la causa raíz.

La información es una llave que abre la puerta a distintas oportunidades de aprendizaje, pero sólo cuando la llevamos a la acción genera cambios, por lo tanto, te recomiendo que vengas a este blog todas las veces que lo creas necesario para repasar conceptos, aclarar dudas y poder enseñar a otras personas. Recuerda que la sabiduría ancestral está dentro de nosotras, no deleguemos todo el trabajo a una aplicación. 

Gracias por leerme.

Referencias bibliográficas:

Aviva Romm M.D, Hormone Intelligence. The complete guide to calming hormone chaos and restoring your body´s natural blueprint for well-being. 2021.

Alisa Vitti, Woman Code. Perfect your cycle, amplify your fertility, supercharge your sex drive, and become a power source. 2014.